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Mi primer embarazo

14 julio, 2017

Llega un momento en la vida en el que tu cuerpo te pide un cambio, algo que te cambiará tus días. Una campanilla suena, y si, ha llegado la hora, la hora de ser mama.
Cuando llegó mi momento, muchísimo antes que, a mi marido, lo hablamos y esperamos y al fin un día dijimos venga va. Ese venga va se convirtió en 7 meses de búsqueda, de test negativos y nervios. Hasta que al final dices, no será el momento, y te relajas. Y al fin, un día, con un retraso de 2 días un test se marcó, lo más mínimo, pero hay estaba la segunda raya del dilema. Y digo dilema, porque para todo primerizo si la raya no se marca bien no hace más que cuestionarse si eso es positivo o no. Y como novatos, papi llamo a una farmacia y le comentaron que por muy floja que fuese la raya, si estaba ahí era porque la hormona (GCH) se había detectado. Así que sí, estábamos embarazados.

¡Mi primer embarazo!

A las 6’1 semanas tuvimos nuestra primera ecografía. A pesar de ver el embrión en el monitor, no me lo acababa de creer, pero ya cuando escuchamos los latidos de ese corazoncito… fue algo mágico. Una incertidumbre me invadió, le dije a mi marido que me pellizcara, y no había manera de despertar de aquel sueño, así que le mire a los ojos, volví a mirar el monitor y la emoción me invadió.

Las semanas iban transcurriendo de lo más normal. Jamás tuve vómitos, ni malestares, simplemente desbordaba felicidad y algún que otro cambio de humor.

Llegamos a la semana 15’5. Llego el día de las apuestas, ¿niño o niña? Yo siempre quería que fuera niña, por el mero hecho de que somos más “mamis”, menos trastos… así para cuando viniera el segundo todo fuese más fácil. Así que yo estaba segurísima de que iba a ser niña, a pesar de que todo el mundo me decía lo contrario. Y que razón tenían. Era un ¡pichurrina! Y no se pudo ver más claro. Así que, me costó asimilarlo, pero ahí estaba él, ahí estaba Izan. Mi bebe, mi niño.

¡Ups! Mira cariño, ¿lo ves? ¡Fíjate bien! Es Izan, se mueve. A las 16 semanas empecé a notarle y lo mejor de todo es que estaba tan delgada que veía sus movimientos cuando estaba tumbada. Y lo recuerdo perfectamente porque nos pilló en plenas vacaciones en nuestra querida Menorca.

El embarazo iba viento en popa, seguía yendo todo genial, analíticas perfectas, desarrollo perfecto.

Hasta que llegó la semana 29, aquí tuve un bajonazo, pille tal gastroenteritis que acabe 2 veces en urgencias y en la última visita me ingresaron. Era incapaz de ingerir alimentos, todo lo expulsaba y lo peor de todo es que por culpa de la fuerza de las arcadas y vómitos, empecé a tener contracciones constantes y que se salían de los parámetros. Así que estuve todo el día con sonda puesta, administrándome suero, con las correas controlando al peque y de vez en cuando con tactos para controlar la dilatación. Al final y con suerte, después de todo un día en observación, me dieron el alta. Las contracciones no cesaron, mi mal estar tampoco, pero todo estaba bien, apenas dilaté 1cm y no tuve borramiento. Así que desde entonces hasta el parto estuve haciendo bondad y reposo. Y aguantamos como campeones.

10 semanas y 4 días después, empezó la acción, Izan está de camino! (Aquí no me voy a explayar mucho porque os quiero hacer otra entrada hablando sobre el parto). La noche del 9 de febrero de 2015 mi cuerpo empezó con el trabajo de parto, tenía contracciones cada 2 minutos de un minuto de duración. Así que fuimos a urgencias y nos enviaron para casa. Ya que en mi interior a pesar del trabajo todo seguía en su sitio.

A las 39’5 semanas, 24h después de la última visita a urgencias, izan estaba al fin con nosotros. Nuestro pequeñín.

Y así nuestra familia creció, de ser un tú y yo a un nosotros.


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