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Libertad

21 septiembre, 2018

No sabéis la felicidad que siento hoy. La tranquilidad que siento de poder contar porque he estado yendo y viniendo y con altibajos estos últimos meses. Como much@s sabéis, en septiembre del año pasado le notificaron a mi marido que le trasladaban y que finalmente después de casi 3 meses, a finales del 2017 nos mudamos a Madrid. Mi marido tenia su puesto de trabajo asegurado porque básicamente le trasladaban y cambiaban de oficina. Yo en aquel entonces me encontraba de excedencia, por lo que antes de hacer nada, y durante aquel periodo hablé con mi coordinadora sobre toda la situación para ver que el venirme a la capital no iba a ser un problema. Pues en enero de este año empezó mi pesadilla.

Mi objetivo era la reincorporación, volver a trabajar y coger mis rutinas y sobretodo, quitarle peso a mi marido. Presenté mi carta de traslado y me la denegaron, las causas que alegaban era que como me encontraba en periodo de excedencia no podían reincorporarme en ningún centro ya que no estaba dada de alta y menos en Madrid. Las soluciones que me dieron fueron 3:

  1. Seguir de excedencia. Lo cual, me cerraba muchísimas puertas al poder buscar un trabajo.
  2. Volver a Barcelona. Volver a mi puesto de trabajo, en mi centro, sin asegurarme un traslado a corto plazo. Por lo que me podría tirar allí meses e incluso años.
  3. Baja voluntaria. Esto implicaba, perder todo y no tener ni derecho a la prestación por desempleo.


Viendo que la cosa no cambiaba aún y proponiendo cambios en mi solicitud de traslado, los cuales carecían de facilidades con mi conciliación familiar, la cosa no avanzaba. Después de muchas llamadas y muchas prorrogas de excedencia, optamos por contratar a un abogado. Yo quería luchar por mis derechos. Después de explicarle toda la situación, mi abogado me comentó que era un caso de moving, que las empresas hacen estas cosas para que cojas puerta.

Todo esto me ha tenido fuera de mí, yo sentía que no era yo. Me he tirado noches sin dormir, tenía tal ansiedad que comía de todo, vamos que no era capaz de ver sobras en ningún plato. De paciencia ya ni hablemos… no os podéis llegar a imaginar lo mal que lo he pasado por mis hijos, es muy difícil aparentar estar bien cuando no lo estás y encima colmarte de paciencia, respirar y volver a hacerlo y de contar hasta mil si hacia falta.

Con todo este cuadro, acudí a mi doctora. También le conté toda la situación y como estaba física y anímicamente, como me estaba perjudicando todo este tema. Me dijo que ella no podía hacer nada, que no me quería recetar nada porque soy muy joven y para ello me tenía que diagnosticar y no quería hacerlo. Además, de que éste era un problema que yo tenía con mi empresa y a ella no le incumbía.

Entonces, resumiendo tenemos por un lado a la empresa que no me quería trasladar, mi doctora que no me quería diagnosticar y a mi abogado y a mi con ansias por luchar.

Finalmente, optamos por ponerle fin a la excedencia y fijar una fecha de reincorporación, para ver si así daban el brazo a torcer. Llegó la fecha y la nueva coordinadora del centro apenas se puso en contacto conmigo para notificarme horarios u opciones de facilidad por mi situación, ni nada de nada, aún sabiendo de mi reincorporación con antelación. Yo, sinceramente, no era apta para ejercer mi puesto, por lo que volví a acudir a mi doctora, la cual me dió 48h de reposo. Pasadas las 48h, recibí un burofax en el cual se veía aún mas claro todo ese acoso y poder sobre mi. Volví a hablar con mi abogado, y como todos sabemos las cosas tienen un precio, meternos ya en temas judiciales se nos escapaba de las manos y yo ya no tenia fuerzas para seguir batallando.

Después de 15 días de ausencia laboral por fin vi la luz. Volví a recibir un burofax en el cual, después de leer todos los párrafos, de seguir viéndose ese acoso… llegar al ultimo párrafo y leer DESPEDIDA. Me aportó tal libertad, que así es como me siento, LIBERADA. Al fin me quité la mochila y el uniforme de rayas, ese que me ha aportado algún buen momento, pocas buenas amistades y muchos tormentos.


Foto de Danny Gibert (dannygibert.com)

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